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Perder el tiempo


Llamaron a la puerta a eso de las 14h, momento en el que acostumbro a almorzar cuando lo hago en casa. Un bien plantado querubín, trajeado, con maletín y porte de últimas tendencias estéticas, me venía anunciar la buena nueva: la sociedad con la cual ya mantengo suscritos contratos para abastecimiento de electricidad, me ofrecía ahora la posibilidad de entrar un en mundo de ensueño.

Educadamente le indiqué que en ese momento no podía atenderle, que estaba comiendo y en consecuencia se me enfriaría la verdura al vapor junto a la tortilla de champiñones que había preparado. Lejos del desfallecimiento insistió de forma perseverante, crecida e incluso agresiva… Ese fue el instante en que, nuevamente, de forma amable indiqué que mi domicilio particular quedaba protegido por el derecho a la intimidad y que, en cualquier caso, como consumidor (ya no tanto como ciudadano) tenía derecho a decidir qué, cómo y cuando lo quiero.
La respuesta del querubín fue “vale, vale, no quiero perder más el tempo”…
Ahí se desató mi lado oscuro: -Oiga, el tiempo no se pierde, se conquista, se gana, se vive, le dije. Mi respuesta le desconcertó. Bajó esa mirada desafiante y se fue. Me hubiera gustado añadir, vive tu tiempo, tu presente tu ahora. No tuve “tiempo”.
fotografía © trebla
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La foto


¿Le importa que le saque una foto?

  • Pues sí, si que me importa y no le autorizo.

Así me respondió hace unos días un venerable anciano que sentado en un banco mataba las horas en un parque de la ciudad.

Me había llamado la atención su cara y sus vivos ojos. Además, fumaba.

  • ¿Por qué quiere fotografiarme?

Mire usted, en confianza, me ha sorprendido verle fumar –dije por decir algo-.

  • Llevo fumando desde los 15 años y tengo 83…, me entiende. Ya sé que eso de fumar esta mal visto ahora, pero yo le digo que mas valdría que se dedicaran a otras cosas y no a ir diciendo lo que debemos o no hacer. Estos ojos, aquí donde los ve, han visto mucho, y yo le digo que esto es de vergüenza. Ahora veo bien porque me operaron de cataratas y me dejaron como nuevo, ni gafas necesito. Porque, sabe usted, yo, enfermedades pocas. Sólo esa operación y otra en la próstata, de eso hará unos 25 años, y me la hicieron de esas, sin abrir. En dos días estaba en casa. Ya no estoy como antes pero como de todo y ni tengo azúcar y la presión a 11 y 7, como un chaval me dice el médico y eso que fumo. Ya ve, es una pamplina para ahorrarse los dineros. Si tienes que irte pues te vas cuando toca y en paz. No vaya a pensar que ese bastón es por el reuma, no, es por si viene algún perro a algún desalmado que de iban a enterar.

Así siguió durante un buen rato, yo escuchando y él contándome su inquietudes.

Finalmente nos despedimos. Yo me había quedado sin foto y él con una hora llena.

No desistí y me dedique a las flores…

Fotografía © trebla

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El regreso

De nuevo aquí, con deseos renovados.
En días sucesivos publicaré los post que durante este tiempo he estado escribiendo, con lápiz y papel. Las publicaciones serán cronológicas indicando la fecha en que fueron redactadas. He optado por esa solución con la finalidad de circunscribirlas en su tiempo.

Edito a fecha 11/04/07: No he cumplido con lo dicho. Algún día, con tiempo, publicaré un apartado con las notas de ese paréntesis.

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Despedida temporal

No siempre las cosas van como uno desea. Razón tenía el buen de Lennon al decir: “La vida es aquello que sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes”

Por necesidades puramente logísticas, el autor de este blog permanecerá retirado durante unos meses.

Hasta pronto.

Para solaz entretenimiento, la que sin duda será la canción del verano…

http://youtube.com/watch?v=At7c5Xmz2Dk&search=opa%20corral

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Engaños…


Dar a la mentira apariencia de verdad resulta algo común e incluso demasiado frecuente.
Hay engaños ocurrentes, imaginativos y hasta creativos. Otros por el contrario resultan desmesurados y chapuceros. En éste último capítulo cabe inscribir al segmento inmobiliario de alquiler que se mueve en la telaraña de Internet.
He tenido ocasión de comprobar cómo se abusa de la imposibilidad de contrastar lo que se está ofreciendo, siendo común ver maravillosas fotografías de una vivienda o apartamento de alquiler que nada tiene que ver con la realidad.
Me pregunto cuanta gente habrá sido engañada contratando un apartamento por uno dos o tres meses, basando su criterio en aquello que ve y da por bueno sin poder comprobarlo por residir fuera de ese país o esa ciudad.
Desconozco si existe ordenamiento jurídico que permita acotar esos abusos pero imagino que, aunque exista, las personas que se han desplazado por motivos de trabajo o de ocio no están por la labor de iniciar una demanda que tampoco saben cuando y cómo acabará.
Flaco favor están haciendo al sector de negocios o turísticos aquellos del “todo vale” mientas de beneficio.

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La vida es una tómbola…


Nacer o morir en un territorio un lugar o un espacio, es sólo cuestión de azar.
Por mucho que se empeñen en decirnos que el ADN constituye el núcleo mediante el cual se puede (podrá) dar razón de la existencia, sigo pensando que el azar es la carta más singular en esa partida.
Es el azar el que determina dónde nacemos y por ello resulta inapropiado hablar de igualdades. Otra cosa es morir, igualmente sujeto al azar, que con frecuencia sucede en lugar distinto al que se nace. El viaje de existir, repleto de necesidades, lleva a buena parte de la humanidad a una obligada trashumancia, no siempre bien entendida por el resto de azares vitales.

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Víctimas


Vivimos tiempos de víctimas.
Víctimas de explotación laboral, sexual, infantil, del terrorismo, de acoso, de accidentes, colaterales….
Las voces mediáticas se encargan de difundir sus distintas iconografías, en ocasiones de forma que linda con la pornografía; todo en aras de la libertad de información que, en buena parte de los casos, se traduce por índices de audiencia o simplemente manipulación interesada.
Si victima es la persona que padece daño por causa ajena o fortuita, estaría bien que de vez en cuando se cambiaran los iconos y se que mostraran los rostros de lo “ajeno” o “fortuito”, es decir: de los verdugos.
Tal vez eso no suceda nunca. Los verdugos atemorizan, las victimas no.

Fotografía © trebla

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Miedos


El miedo es algo consustancial al individuo, normal si funciona como un sistema de autoprotección y de adaptación al medio.
Dicen los expertos que el miedo puede catalogarse como normal en la medida que no cercene las actividades genéricas de las personas, caso contrario se convierte en patologías de distinta índole.
En un ejercicio de extrapolación me pregunto hasta qué punto una sociedad es miedosa, hasta dónde puede catalogarse como normal el miedo colectivo y a quién puede beneficiar que ese miedo social se convierta en patológico.
Ahí dejo las preguntas

Fotografía © trebla

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Formas


La forma es la configuración externa de algo, es decir, su apariencia, color, textura, complejidad o simplicidad. Interactúa en los objetos y los sujetos. En los objetos en tanto que los define, en los sujetos en cuanto que las percibe.
La importancia de la forma ha sido tratada durante siglos por estetas y también por forjadores de espíritus. Los primeros en su desesperado intento por alcanzar la belleza absoluta, los segundos como hacedores de moldes del bien común.
Hoy, la forma se ha convertido en formato, y resulta sospechoso, cuanto menos, que bien pocos tratamientos de lo mediático cuiden la apariencia, la forma, y menos aún la esencia de su contenido.

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Papeles


Los papeles son importantes para todo.
Cuando era niño, el papel de periódico servía para envolver el bocadillo del almuerzo, eran tiempos en los cuales la penuria todavía formaba parte de las familias menos afortunadas, como un miembro más.
El papel de una vieja carta manuscrita, el de una fotografía oxidada por el tiempo, el de un documento de afiliación y tantos otros, forman parte de uno mismo, de sus raíces, de su pasado sin el cual no se puede entender el presente y de ahí, precisamente, que cumpla una función de fetiche.
Sin papeles no se es nadie, no existes.

Fotografía © trebla

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