Nacer o morir en un territorio un lugar o un espacio, es sólo cuestión de azar.
Por mucho que se empeñen en decirnos que el ADN constituye el núcleo mediante el cual se puede (podrá) dar razón de la existencia, sigo pensando que el azar es la carta más singular en esa partida.
Es el azar el que determina dónde nacemos y por ello resulta inapropiado hablar de igualdades. Otra cosa es morir, igualmente sujeto al azar, que con frecuencia sucede en lugar distinto al que se nace. El viaje de existir, repleto de necesidades, lleva a buena parte de la humanidad a una obligada trashumancia, no siempre bien entendida por el resto de azares vitales.

Fotografía © trebla

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