“He ido a la calle de la Democràcia llevándome en los cascos una vieja canción de los Surfin’ Bichos, que este año también anda de aniversario. El vigésimo. La canción, a la que me entrego cada vez más fanáticamente, está escrita con rabia y transforma en símbolos y en metáforas la historia de unos chavales sin suerte (o acaso sin opción a la suerte). Es decir, es puro rock and roll. Se titula Gente abollada; no es un título muy grato, pero también es cierto que no está compuesta por gente que pida turno para comer en el Bulli, y esas cosas.” ( - El País 6/12/08)

Siempre resulta reveladora la prosa urbana de

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